lunes, 31 de agosto de 2015

Santoral

Si miramos con atención los calendarios o almanaques que se cuelgan en la pared de una habitación, de la cocina u otros espacios del hogar habremos observado muy probablemente que, en algunos al menos, debajo de cada número se halla escrito el nombre de un santo o santa.
No hay día del año que no esté dedicado a un santo o santa y el calendario o almanaque mural nos aporta o aportaba esa información.

Y... ¿qué es un santo?.
Santo o santa es una persona, uno como nosotros. Los santos no son "santos" por ser perfectos sino por hacer de sus limitaciones no un trauma sino una oportunidad de mejorar, crecer, acercarse a la vivencia del Plan de Dios; sus tropiezos, errores y equivocaciones -iguales a los de cualquiera del resto del mundo- les han llevado a una reflexión de sí mismos, de sus vidas y del proyecto de vida que quieren vivir. Para ser "Santo" no es necesario andar haciendo milagros todos los días o parecer un extraterrestre. La SANTIDAD no es camino de bichos raros o superhéroes de película sino de personas de carne y hueso como cualquier otro ser humano.
Los santos tienen la cualidad común de saber hacer de las cosas ordinarias algo extraordinario. ¿Puede cualquiera ser "santo"?; cualquiera puede serlo si así lo desea, si quiere de verdad caminar los senderos de la santidad que son los mismos que nos presenta la vida en sus 24 horas de cada día.
Todos ellos cuentan con algo -o Alguien- esencial: Él. La santidad es posible cuando es Dios mismo que ilumina, orienta, anima y fortalece a la persona que desde su corazón dice cada día: "Hoy quiero vivir de manera santa cada uno de los instantes de la jornada".


¿Están en el calendario todos los santos?. En modo alguno; hay muchísimos más, incontables. Muchos de ellos están todavía entre nosotros. Puede ser ese compañero o compañera de trabajo al que vemos siempre dispuesto a echarnos una mano aunque nadie a su alrededor se decida a hacer lo mismo que él; puede ser esa abuelita que tenemos en casa y que con su sonrisa amable nos da los buenos días cada mañana aunque ni le contestemos, la que con suma paciencia nos escucha y se presta a contarnos sus historias, consejos y nos brinda sus caricias aún incluso cuando decimos cosas salidas de tono; puede ser el vecino del piso de abajo,... que cierto día tuvo unas palabras con nuestros papás pero al rato vino tocando a la puerta de nuestra vivienda para pedir disculpas y demostró desde entonces que su actitud era sincera;... puedes ser tú, puedo ser yo, podemos ser cualquiera que aunque cometamos nuestros errores los sabemos reconocer y asumir para hacer de ellos un elemento más para la reflexión, maduración personal y crecimiento.
Hay muchos santos anónimos que pasan completamente desapercibidos incluso para sí mismos: no saben que lo son, pero todos tienen algo en común muy importante:
  1. Son seres humanos con capacidad para hecer el bien y hacer mal también, pero eligen como actitud buscar el bien para los demás y para sí mismos.
  2. Son personas de carne y hueso que saben reconocer sus errores y limitaciones, saben pedir perdón y comprender también a quien se equivoca igual que ellos.
  3. Se sienten amados por Dios y aman a Dios y le toman como Padre, Amigo, Modelo, Camino, Verdad y Vida. Tratando de vivir de acuerdo con el convencimiento de que "somos a imagen y semejanza de Dios" y, por lo tanto, su obrar, sus actitudes, tienden a reflejar la presencia de Dios en el mundo allá donde estén y en lo que estén haciendo.
  4. Buscan la coherencia de sus obras con lo que creen, piensan y sienten; son personas que tienden a la unidad plena de sí mismos y cuando sufren caídas lejos de lamentarse y quedarse caídos... rápidamente se levantan y vuelven al camino en la dirección que decidieron tomar.
  5. No son todopoderosos y saben que necesitan de la comunidad, se sienten parte de ella (por eso aman como lo hacen, por eso oran por el resto del mundo).
  6. Y sobre todo... saben que necesitan de Dios y en Él hallan esa fortaleza interior capaz de ayudarles a triunfar aún en medio de las peores tormentas y dificultades.
  7. ...
"Dicen que para ser santo es necesario que se demuestre que han hecho algún milagro". Pues no, no es necesario demostrar ningún milagro para que alguien sea santo. El milagro lo obra Dios en ellos y a través de ellos. Una cosa es ser "santo" y otra el que "sea reconocido OFICIALMENTE como santo" ante todo el mundo (canonización) pero eso no significa que no lo fuera ya antes de ser canonizado.
A lo largo de este curso vamos a ir conociendo cada mes el santoral que acompañará cada uno de los días que vamos a ir viviendo.
Invitamos a los lectores de los artículos que formen parte de la etiqueta "Santoral" que busquen información de los santos/as de cada mes, leamos sobre ellos y busquemos los ejemplos de vida que puedan servirnos en nuestras realidades concretas. Lo bueno de los santos es que han pateado nuestros mismos caminos, han vivido nuestra misma humanidad y en todo su proceso vital nos muestran maneras de vivir la sintonúa con Dios y con el resto de la humanidad y la Creación.
En las sucesivas entradas (una por mes) iremos detallando cada uno de los santos/as del mes con enlaces-web que nos aportarán esa información pero también cada cual podrá ampliarla o contrastarla con otras que vaya encontrando, naturalmente.

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